¿Te vas a rendir?

Todo comenzó con un sueño. Las ganas de triunfar recorrían sus venas. Así como cuando te decidiste tener una vida exitosa, cumplir tus objetivos en la vida y llenar de felicidad cada etapa que te tocaba vivir, así pensaba él. Quizá, hasta los sueños de él, son o en el peor de los casos, eran los tuyos. Pero los reveces de la vida suelen aparecen, y la fortuna no juega de nuestro lado cuando más la necesitamos. Tal fue la envidia hacia sus sueños, que sus más allegados planearon algo macabro, deshacerse definitivamente de el de una vez por todas. Mentiras y más mentiras para aplacar su envidia fue la constante de sus hermanos. Si, lo dije bien, sus hermanos. Primero tirarlo a un pozo vacío, que muera de hambre y sed o alguna alimaña lo hiera de muerte. Pero aunque te cueste creer, el destino tenía algo mejor para él. Y fue vendido como esclavo a unos mercaderes. Y aunque cueste creer, era mejor ser esclavo que dejar morir la esperanza de seguir tras ese sueño que tantos problemas le había causado. De ser el mimado de los padres, pasó a ser un esclavo. Ya no más desayuno junto a las risas de papá y mamá, ni tampoco ropa bien perfumada. Esclavo. El único derecho posible era respirar. Por las noches la tortura de los recuerdos, de ese sueño truncado y la falta de afecto se peleaban con el cansancio y se convertían en insomnio. Pero lo que parecía una maldición tenía un propósito. Esa materia que no podés aprobar, ese hijo que no llega, el vicio que de repente comenzó a gobernar la familia, la casa propia que se convierte en utopía, el negocio que no prospera. Sueños a mitad de camino, o quizá en pañales. Mucha fuerza al principio, mucho dolor de cabeza al transitar. Lo que planificáste y no se dio, lo que emprendiste y fracasó. Sin embargo, en las manos de Dios ocurren cosas que rompen nuestro esquema. Te hablé de José, el de la Biblia. El que injustamente fue encarcelado sólo por ser leal a su Dios. La transparencia le valió el encierro. Pero todo era parte del plan. Las miles de preguntas de esos años tan sombríos para él, se iban pronto a transformar en anécdotas. Del maltrato psicológico, emocional, físico a ser el que a la par del rey, dirigiera los destinos de una nación entera. Todo por un sueño, como a vos, que un día te metió en el huracán de problemas y creés que ese es tu fin. Que hasta pensás que ser esclavo de la situación es tu destino. Que dejáste en el baúl de los olvidos que suelen resucitar a ese sueño que un día te marcó y estás a punto de rendirte y adoptar una vida para la cual no fuiste creado. Está en vos maldecir y acomodarte a la esclavitud, al desprecio de los que más querías, al dolor que la injusticia te marcó o saber que es parte de un plan. Del plan del Creador para tu vida. Que tu carácter no decaiga en esta prueba, puede ser la última etapa en los pensamientos de Dios, y como a José digas un día que él te hizo olvidar de tu pasado y te preservó hasta este día para ser de bendición y ver el sueño que él puso en tu corazón, cumplido en tu vida.
Escrito por: Pachi Czyz

La Senda

José Antonio Czyz

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