Cómo proteger el destino profético de tu familia
El ángel le dijo a Zacarías: “... tu hijo va a ser grande
delante del Señor..., y estará lleno del Espíritu Santo des-de antes de nacer”, Lucas 1:15-16 (VP). Cuando Juan nació la gente se preguntaba: “¿Qué será de este niño cuando crezca? Porque todos sabían que Dios estaba con él”, Lucas 1:66 (TLA). Varios años después Jesús dijo: “Les aseguro que, entre todos los hombres, ninguno ha sido más grande que Juan el Bautista...”, Mateo 11:11 (VP). ‘Grande delante del Señor’ y el ‘más grande’ entre los seres humanos. Este hombre sí que supo llamar la atención del cielo. ¿Cómo lo logró?
¡El ‘éxito’ ministerial de Juan comienza con la obediencia de sus padres! “Ambos eran rectos e intachables delante de Dios; obedecían todos los mandamientos y preceptos del Señor”, Lucas 1:6 (NVI). Quienes practican el principio de la consagración atraen el favor de Dios a su casa. “Si obedeces todos los decretos y los mandatos que te entrego hoy, les irá bien en todo a ti y a tus hijos...”, Deuteronomio 4:40 (NTV). “Si son obedientes, Dios los bendecirá... A los hijos de ustedes los hará felices...”, Deuteronomio 7:13-14 (TLA). ¡Es un hecho que cuanto más consagrados sean los padres más bendecidos serán sus hijos!
…Algunas palabras tienen el potencial de robarnos un milagro en gestación.
Cierto maestro le dijo a uno de sus estudiantes que nunca sería capaz de aprender y lo puso dentro del bote de la basura para que todo el colegio pudiera verlo. Una niñita de 6 años corrió a los brazos de su mamá para contarle que su primo de 16 la había llevado a un descampado para tocar sus partes íntimas. Mientras recibía la peor paliza de su vida, su madre le decía: “eres una cualquiera”. No hay dudas que tales afirmaciones dejarán profundas cicatrices en la personalidad y el desarrollo psicoevolutivo de estos niños. ¿Quién puede medir el impacto de las palabras? Constantemente somos atacados con el fin de abortar los planes de Dios. Personas con ‘aparente autoridad en la materia’ influyen al punto de direccionar nuestras acciones.
No resulta fácil reponerse después de haber recibido una declaración negativa, más aun cuando proviene de alguien ‘con autoridad’. ¿Cuántas personas se han rendido a diagnósticos pesimistas? Muchas veces damos autoridad sobre nuestra salud o futuro a personas que no honran ni respetan a Dios, e incluso algunos que son abiertos adoradores de Satanás. Agentes del infierno que nos roban los milagros y apagan nuestra fe. No estamos sugiriendo que abandones un tratamiento médico o ignores las recomendaciones. Pero debes tener presente que existe una realidad espiritual que los inconversos desconocen. Debemos ser sabios y desarrollar el nivel de discernimiento necesario para creer que cualquier diagnóstico puede ser revertido por el Señor. No ignores la habilidad de Dios para transformar cualquier realidad, por más adversa que sea. Muchos individuos, incluidos médicos, enfermeros y agentes de salud, son incapaces de reconocer el obrar de Dios. Aun cuando tengan estudios complementarios que afirman la sanidad prefieren decir que la enfermedad se encuentra en remisión o está oculta. Su incredulidad es ‘inyectada’ al espíritu del paciente quien sale del consultorio sin esperanza y sin fe. ¡Nadie tiene semejante autoridad! ¡No te rindas ante los pronósticos desalentadores del ser humano! La última palabra siempre la tiene Dios.
…Aprendamos de Elisabet. Quizás la razón más importante para ocultarse haya sido preservar de las palabras negativas de los demás la vida del profeta que llevaba en su vientre. “En nuestra cultura occidental es muy raro escuchar a alguien hablar del efecto de las palabras sobre un niño aún no nacido. Sin embargo, te recuerdo, fue el saludo de María la causa del regocijo de Juan. Las palabras le produjeron gozo al niño no nacido. Los niños tienen un discernimiento impresionante que, a menos que sus padres comprendan la forma en la que el mundo espiritual opera y hayan aprendido a resguardar la unción de sus hijos y su don, tiende a deteriorarse a lo largo de la vida hasta que llega un punto en el que el niño ya no puede discernir”.4 No soslayes este hecho: Juan, el niño no nacido, tuvo la capacidad de reconocer la presencia de Dios en el vientre de María.
Dres. José Luis y Silvia Cinalli
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